Human EconomicsA lo largo de toda la Historia, la Humanidad nunca ha vivido en una era de tan íntima globalización como la que vivimos actualmente. Nunca la economía de ningún país había sido tan dependiente de la economía de los otros países, y nunca el destino de la gente de un país había dependido tanto del destino de las personas de otros países. Por esto, la actual crisis está afectando a todos, en todos los lugares.

Fue con mucha razón que el periodista Thomas Friedman argumentó, en medio de la crisis, que era “Tiempo de reiniciar a Norteamérica”, Las leyes que definen la relación entre los individuos en la sociedad han cambiado dramáticamente, de manera que la economía —que refleja esas interconexiones— debe seguir esos cambios.

Sin embargo, esto no puede ocurrir mediante restricciones y regulaciones, pues es
evidente que nuestro deseo de disfrutar sólo crece a través de los años. Por eso, incluso si realmente lo deseamos, nunca seremos capaces de devolver el tiempo. A medida que nos desarrollamos, nosotros constantemente ideamos nuevas maneras de “derrumbar el sistema.” En vez de desperdiciar el dinero de los contribuyentes tratando de revertir una situación que es irreversible, debemos cambiar nuestra aproximación a la economía y los negocios desde la raíz.

La solución es comenzar desde el punto donde la crisis comienza: la pérdida de la confianza en las relaciones humanas. Lo que ha quedado claro es que ya no confiamos los unos en los otros: la gente no confía en los bancos, los bancos no confían en las empresas de calificación, quienes no confían en los accionistas de las compañías, quienes a su vez no creen en los asesores financieros, quienes sospechan de los negociadores, quienes tienen cero confianza en los gobierno.

Pero a pesar de la desconfianza, hemos descubierto que todavía dependemos los unos de los otros. Y mientras más conocimiento de esto adquirimos, menos queremos lastimarnos los unos a los otros. Mucha gente ya se ha dado cuenta de esto: ahora debemos convertir esta conciencia en acción.

Paso uno: restaurar la confianza

Junto con la oferta de ayuda para las economías enfermas, los países deben explicarles a sus ciudadanos que ahora estamos viviendo en un mundo nuevo. Así, el primer paso en el plan de rescate, es hacer que la gente sienta y entienda cuán interdependientes somos. Cuando la gente se dé cuenta que su bienestar personal depende de su relación con los otros, ellos se convertirán en los reguladores naturales que los planificadores políticos están buscando.

De hecho, cuando una opinión pública suficientemente fuerte promueve valores de
colaboración, esto afectará incluso a aquellos que inicialmente quieren seguir viviendo según las viejas reglas, centrados en sí mismos. Una ilustración de este principio es que una semana después que se supo que la AIG había recibido cientos de millones de dólares en auxilios financieras y que se le habían otorgado jugosos bonos a sus ejecutivos, la mayoría de ellos los devolvió. No pudieron afrontar el gran número de críticas públicas. Así, el descubrimiento de la naturaleza dañina de nuestra aproximación egoísta, nos hará buscar naturalmente una restricción de nuestras actitudes centradas en nosotros mismos, y esto facilitará el comienzo de una era libre de estas crisis.

Paso dos: repensar el consumo

El consumismo nos hace desear productos que realmente no necesitamos, simplemente para alcanzar estatus social. Transmitir información sobre las reglas del nuevo mundo nos ayudará a entender cuáles valores deberían prevalecer en nuestra sociedad, de modo que podamos crear un modo de vida más balanceado. Como resultado, los productos que permanecerán en los estantes serán aquellos que sean verdaderamente necesarios, y la publicidad de productos, sólo para impulsarnos a hacer compras redundantes, será condenada. Aplicar este necesario ajuste en las prioridades, liberará enormes recursos y tiempo, y nos permitirá preocuparnos de otros aspectos que actualmente están aplazados en nuestras vidas, como los amigos y la familia, fortaleciendo significativamente de esta forma la calidad general de nuestras vidas.

Paso tres: Capitalismo Social

En la edición enero-febrero de 2001 de la Harvard Business Review, los profesores Michael Porter y Mark Kramer publicaron un concepto revolucionario. El capitalismo tradicional pertenece a la historia, según escribieron. Ahora es el momento para “un nuevo concepto de capitalismo”, uno tal que “moverá la responsabilidad social de la periferia al tope de los cerebros de las compañías”. Las compañías aún deberán esforzarse por producir beneficios y crear valores económicos, pero no tanto para los accionistas y para los dueños, sino para el bien de la sociedad “para hacer frente a sus necesidades y desafíos. Los negocios deben volver a conectar el éxito de las compañías con el progreso social”, de otra manera, concluyen Porter y Kramer, los negocios nunca escaparán del círculo vicioso en el cual están atrapadas hoy y su situación únicamente empeorará a lo largo del tiempo.

En efecto, hay mucho de verdad en las palabras de Porter y Kramer. Hoy, cuando una
compañía lanza un nuevo producto al mercado, desea “ampliar sus espacios de mercado”, o, en otras palabras, “robarle” clientes a otras compañías en los espacios de mercado. ¡Pero esa es exactamente la visión que nos ha llevado a iniciar esta crisis financiera! Más que tratar de obtener beneficios a expensas de los otros, las compañías deberían competir para crear el mayor beneficio para el total de la sociedad.

Cuando firme un contrato, el dueño de una compañía debería ponderar: “¿Ganan todos a partir del trato que estoy cerrando ahora?” Si el contrato realmente beneficia a todos, entonces todos —incluyendo el dueño de la compañía— ganará a partir de éste. Después de todo, en el mundo actual, todos estamos interconectados y cada acción individual ejerce un impacto en todos nosotros.

Paso cuatro: un Nuevo tipo de compañías y de negocios

Es tiempo de redefinir los negocios y el éxito financiero. Una firma exitosa debería ser
aquella que le vende productos a los consumidores, paga salarios decentes a sus empleados (incluyendo pensiones, seguro y vacaciones) y está fundada en una operatividad balanceada. Una operatividad balanceada significa que los beneficios de un negocio cubren todas las inversiones y gastos, pero no genera beneficios más allá de eso.

De este modo, los propietarios de tales compañías pueden contribuir a reducir los costos de sus productos para hacerlos más asequibles a una mayor cantidad de personas. Si aún queda algún beneficio, éste podría ser donado a alguna fundación que ayude a garantizar que toda la gente en el mundo tenga un buen nivel básico de vida.

Para estar seguros, no estamos hablando acerca de abstención y austeridad. Por el contrario, si todos los jugadores cambian su mentalidad financiera del máximo beneficio para sí mismos sean cuales sean las consecuencias, para ganar tanto como requieran para vivir de manera respetable, descubriremos que el planeta tiene muchos más recursos para ofrecernos que los que actualmente usamos, y todos progresaremos juntos.

Mucha más motivación y satisfacción

¿Cómo pueden hacer los dueños de las compañías y sus empleados para generar una
motivación que los haga levantarse en las mañanas y salir a trabajar cuando no hay estímulos financieros envueltos?

La respuesta es simple, el estímulo crecerá de un nuevo estándar social –las personas y las compañías son apreciadas de acuerdo a su contribución con la sociedad. En este caso, nuestra ansiedad natural por competir —con el beneficio de la sociedad como nuestra meta— nos hará crear una sociedad más justa y equitativa.

Permítannos aclararnos. Traten de responder la siguiente pregunta: ¿Qué ganan los
dueños de una compañía teniendo ceros adicionales en sus cuentas bancarias? ¿Es que ellos actualmente usan esos millones que tienen? ¿Acaso ellos realmente disfrutan de esos “ceros” añadidos? La satisfacción que surge de los ceros es puramente condicional, dependiente de la sensación de poder y el respeto generalizado que nos viene con la riqueza.

¿Pero qué tal si los dueños de las compañías pudieran sentir la misma satisfacción que ellos derivan de su excesiva riqueza, pero a partir de acciones que beneficien a la sociedad? Si la sociedad respetara a la gente que contribuye con la sociedad y condenara a las personas que la explotan, las personas poderosas naturalmente usarían su poder para contribuir con la sociedad, porque todos nosotros, los seres sociales, incluyendo los dueños de las compañías, estamos influidos por la sociedad. Aunque este propósito pueda parecer utópico, puede materializarse si nuestro entorno comienza a apreciar los valores pro-sociedad.

La conclusión es que el capitalismo debería seguir siendo capitalismo, pero en vez de
hacernos trampas los unos a los otros, deberíamos competir para contribuir lo más posible para con la sociedad y crear los mejores y más equitativos productor a los mejores precios, de modo que la mayor cantidad posible de personas, puedan disfrutarlos.

Sir Richard Layard, en un artículo titulado “Ahora es el tiempo para un capitalismo menos egoísta”, publicado el 11 de marzo del 2011 en el Financial Times, resume bastante bien la visión que hemos sugerido aquí, cuando escribe: “Necesitamos una variedad más humana de capitalismo, basada no sólo en mejores regulaciones, sino también en mejores valores.

No necesitamos una sociedad basada en una competencia darwiniana entre los individuos. Más allá de la subsistencia, la mejor experiencia que una sociedad nos puede proveer es el sentimiento de que otras personas están a nuestro lado. Este es el tipo de capitalismo que queremos”.